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Bajo la sombra de los drones

Llega un grito a través del cielo. Ya ha ocurrido otras veces. Pero ahora no hay nada a qué compararlo.”

Thomas Pynchon

En un post anterior de LABlog, Román Torre explicaba qué son los drones y cuáles son las causas de que se hayan popularizado hasta el punto de que sea posible comprarlos por precios asequibles o incluso fabricarlos de manera casera. Las posibilidades que esta tecnología abre a la sociedad son casi ilimitadas. Cualquier persona capaz de fabricar un drone puede idear un uso de ámbito doméstico o profesional, y esto provocó que en España se planteara una normativa de carácter provisional, para “evitar malentendidos”, que regulara la circulación de drones con un peso inferior a los 150 kilos. La normativa es sencilla: los drones con “fines comerciales o profesionales” no podrán sobrevolar zonas pobladas y no se podrán realizar autorizaciones específicas al carecer, todavía, de un marco legal. Sí podrán sobrevolar el espacio aéreo aquellos drones que se utilicen con fines sanitarios, de investigación, o de extinción de incendios, entre otros.

En el caso de drones cuyo peso no supere los 25 kilos, pueden volar dentro del alcance visual del piloto, cómo máximo a una distancia de 500 metros, y siempre que no supere los 200 metros de altura. Sin embargo, es necesario resaltar que todas estas regulaciones se refieren a los drones civiles, no a los drones que se utilizan con fines militares y es que a pesar de la ocultación, los drones han supuesto el paso hacia una nueva era en la tecnología militar.

El periodista Roberto Montoya explica en su libro “Drones. La muerte por control remoto”, que en la actualidad existen más pilotos de drones que de aviones y que los gobiernos compran más drones con fines bélicos que cazabombarderos. En la actualidad, hay más de cincuenta países que emplean drones en sus ofensivas militares. La razón de esta creciente popularidad es muy sencilla: los drones alcanzan fácilmente los objetivos y reducen el riesgo de tener bajas en las propias filas porque son accionados desde muchos kilómetros de distancia. Montoya advierte, además, del riesgo que supone que se frivolice sobre las guerras hasta el punto de que podamos llegar a confundirla con un videojuego. Esto, que parece exagerado, tiene cada vez más que ver con la realidad. Hace apenas unas semanas conocíamos que el ejército americano ha desarrollado una tecnología que permite derribar drones enemigos con un láser controlado por el mando de una X-Box.

Los drones actuales MQ-1 Predator y MQ-9 Reaper y sus misiles guiados por láser son muy similares al cohete V-2: funcionan sin ser advertidos y atacan sin previo aviso. El V-2 fue el primer cohete de largo alcance del mundo y uno de los mayores avances en tecnología militar de la historia. Fue diseñado y utilizado por los alemanes durante la II Guerra Mundial. Se calcula que fueron lanzados unos 3000 y que mataron a más de siete mil personas, entre militares y civiles. El desarrollo de este cohete y su impacto en el contexto social de la época es el punto de partida la novela “Gravity’s Rainbow: El arcoiris de la gravedad”, de Thomas Pynchon, cuya primera frase da nombre a la exposición que LABoral inaugura el próximo 10 de octubre. Esta muestra, de carácter internacional y comisariada por Juha van ‘t Zelfde, de Lighthouse, plantea una reflexión crítica a través del arte del impacto y el temor que en nuestras vidas tienen las armas de guerra y de vigilancia masiva más poderosas de nuestro tiempo.

La respuesta del arte ante este tipo de artefactos no se ha hecho esperar. En mi anterior post de LABlog citaba el proyecto #NotABugSplat desarrollado en protesta por la muerte indiscriminada de civiles en Pakistán. También el artista Adam Harvey creó, en el año 2013, una línea de ropa anti drones que nos permite garantizar nuestra privacidad ante las tecnologías de vigilancia masiva.

“Llega un grito a través del cielo” reúne obras de doce artistas y colectivos artísticos de países como España, Holanda, Francia o Reino Unido que tratan, no sólo de fomentar la reflexión, sino también de generar en el espectador experiencias de desconfianza o sobrecogimiento.

Clouds of unknowing, Silvia Maglioni y Greame Thompson
flone
Flone, AeroCoop

Entre los artistas que forman parte de la muestra se encuentran, por ejemplo, Mariele Neudecker, que presenta su obra “The air itself is one vast library”, el colectivo Terminal Beach con su pieza audiovisual Clouds of Unknowing, o AeroCoop, autores de Flone, que además se encargarán de impartir un taller los días 14 y 15 de noviembre. Y es que, esta exposición viene acompañada de un amplio y potente programa de actividades con el objetivo de favorecer una reflexión crítica en torno a los usos de estos vehículos aéreos no tripulados. Entre estas actividades, destaca una mesa de debate  en la que se abordarán temas relacionados con las tecnologías de control y vigilancia y su relación con el arte y en la que estarán presentes el comisario de la exposición y algunos de los artistas participantes, como Metahaven, o James Bridle.

Under the shadow of the drone, James Bridle. Turquía
Under the shadow of the drone, James Bridle. Turquía

Este último artista, de origen británico, será el encargado de desarrollar la intervención Under the shadow of the drone, consistente en un dibujo a gran formato, en el puerto deportivo de Gijón, haciendo visibles estos aparatos a los ojos del ciudadano, y recordándonos que aunque no los veamos, vivimos bajo la sombra de los drones.

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Soy historiadora del arte y escribo este blog desde el año 2007. Me interesa el arte contemporáneo, la educación y la aplicación de procesos participativos al arte y la cultura

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