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Imperfecta morada

Llevaba varios meses intercambiando mensajes con Alsira Monforte para su exposición en Lemon y Coco y aunque había entrado varias veces en su web y leído sobre sus proyectos tengo que decir me ha impactado. Es una de nuestras exposiciones más impactantes, y no sólo porque una tela negra invada casi por completo una de las paredes de un espacio de 15 metros cuadrados. Sabía que su obra trataba principalmente sobre el entorno familiar y el sentimiento de abandono, especialmente en el período de la infancia, pero me lo imaginaba de una manera mucho más fría, como un concepto abstracto. Es cierto que los mensajes que se envían a través de una red social suelen ser un poco más fríos para tratar según qué temas. Todas nuestras conversaciones se limitaron a cuestiones más técnicas como las medidas de las obras o los sistemas de colgado.

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Alsira llegó y desplegó una gran tela de seda negra. La obra se titula “La fachada de mi casa” y está formada por diecinueve fragmentos de tela con una serie de imágenes estampadas, pero en realidad, si nos fijamos bien sólo hay una imagen: una fotografía familiar, de la familia de Alsira, pero dispuestas siempre en negativo. Algunas veces aparecen más definidas, otras se desvanecen por completo y sólo se distingue la silueta, en otras hay algunos miembros tachados con color rojo. El rojo y el negro son, según explica Alsira al hablar sobre otro de sus proyectos, los colores que más utilizan los niños en situación de trauma para dibujar. También hay imágenes en las que algunos de los miembros de la familia están borrados por completo.

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En su web, Alsira explica que cada fragmento de tela representa un ladrillo de una casa que tiene una ventana en el centro, con unos barrotes formados por hilos de color negro. Pero más que una ventana es un ladrillo que falta, algo roto, un  vacío que ahoga porque el resto de los ladrillos de la casa están formados por algo que ya no es, por una familia que ya no existe, que se ha desvanecido. La ventana muestra que el interior de la casa es una cárcel formada por la fragilidad de unos vínculos familiares que, a pesar de la pérdida o el abandono, son imposibles de romper.

Junto a “La fachada de mi casa”, la exposición incluye también la pieza “Falta remitente”, formada por cinco buzones que Alsira encontró en la calle. Son  buzones que tuvieron uso, que estuvieron durante un tiempo en el portal de un bloque de pisos que acababan de reformar. Durante la inauguración, Alsira explicó que los buzones son elementos privados, que forman parte de la casa, pero al mismo tiempo están fuera de ella y son accesibles por otras personas. Sin embargo, en el contexto cotidiano no podemos abrir un buzón ajeno ni mucho menos leer las cartas o los mensajes que han dejado para sus propietarios porque estaremos invadiendo su intimidad. En “Falta remitente”, Alsira ha cambiado el concepto y la función de los buzones. Siguen siendo elementos de comunicación, pero ya no son personas externas las que dejan cartas o mensajes para sus propietarios, sino que son sus propietarios los que han dejado un mensaje para el espectador, junto con la llave para que podamos abrir el buzón.

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Cada uno de los buzones  presenta en el exterior una fotografía transferida en tela. Todas son escenas infantiles, que están borrosas, para que sus protagonistas permanezcan en el anonimato, pero todas ellas nos conducen hasta su interior a través de una serie de hilos blancos que conectan con historias personales. Son textos que describen en primera persona vivencias sobre diferentes situaciones de abandono durante la infancia, principalmente de los padres hacia los hijos. Son historias duras y demasiado privadas como para que tengamos acceso a ellas. Son historias traumáticas que muchas veces se ocultan que han marcado las vidas de quienes las vivieron hasta el punto de poder condicionarles en su etapa adulta, porque sucedieron durante un período en el que somos más frágiles y en el que se está formando nuestra personalidad. Son historias que pueden marcar igual que aparecen marcadas en negrita determinadas frases en cada buzón como “Tal vez la familia de verdad no sea sólo de nuestra sangre” o “Mi madre nunca me preguntó como sentía ni mi padre tampoco“. El anonimato nos hace pensar que esas historias podrían ser más cercanas de lo que pensamos, que en realidad podrían pasarle a cualquiera, o que quizás tenemos responsabilidad como sociedad de estas situaciones de abandono.

Os recomiendo mucho el trabajo de Alsira. Podéis ver más aquí.

La exposición podrá verse en Lemon y Coco (Plaza Marrón Nº 6 de Cáceres) hasta el próximo 2 de diciembre.

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Soy historiadora del arte y escribo este blog desde el año 2007. Me interesa el arte contemporáneo, la educación y la aplicación de procesos participativos al arte y la cultura

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