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Pedro Godoy. Mismo perro, distinto collar.

(Texto sin título publicado en el catálogo de la exposición Mismo Perro, Distinto Collar de la exposición de Pedro y Antonio Godoy, celebrada en Zafra entre septiembre y octubre de 2008, ISBN: 978-84-9852-116-0)

Hablar de vacío en escultura es hablar de Calder, de Julio González, de Eduardo Chillida, de Jorge de Oteiza…, y de otros muchos que centraron en él buena parte de sus investigaciones plásticas y discursos teóricos hasta lograr que, a día de hoy, el vacío no sea una simple negación o ausencia de materia, sino un fragmento de espacio sobre el que el escultor decide actuar: lo atrapa, lo libera o lo utiliza, poéticamente, como soporte en el que dibujar. Es un material más, quizás el más difícil de dominar, porque en manos del escultor se vuelve demasiado maleable, casi resbaladizo. Parece como si, del mismo modo que el mármol esconde figuras que el escultor puede sacar a la luz eliminando las partes sobrantes, el vacío construyera volúmenes cambiantes que el escultor tuviera que capturar y contener.

En las obras de Pedro Godoy, el vacío cobra un protagonismo especial, y se convierte, como él mismo dice, en el verdadero material escultórico, más presente que la propia materia. Los volúmenes, de abstracción más o menos marcada, se configuran a partir de lentos y elaborados procesos de construcción en los que el vacío funciona como núcleo. A su alrededor, tras una serie de dibujos y bocetos previos, Pedro va tejiendo –dibujando en el espacio –estructuras transparentes de contornos curvos y referencias organicistas que nos recuerdan algo que hemos visto en la naturaleza, o creando, a partir de placas soldadas que parecen poder expandirse hasta el infinito como ocurría en algunas obras conceptuales de los años sesenta, formas geométricas que se construyen o deconstruyen con un sentido casi arquitectónico.

En el caso de su serie “Entornos”, se hace inevitable el recuerdo de las Cajas Metafísicas de Jorge de Oteiza, donde el interés por las formas geométricas estaba vinculado también a la “desocupación del espacio” y la contraposición entre materia y vacío.

Precisamente, es la tensión que se genera de la contraposición y el diálogo entre la materia y el vacío la que provoca que las esculturas de Pedro Godoy, a pesar de su estatismo, se vean afectadas por el movimiento. El movimiento que tendrá que realizar el espectador (rodeando la escultura, alejándose o acercándose) hasta percibir en su totalidad cada hueco por el que se cuela o escapa el vacío. O el movimiento contenido que crece desde el interior, como si, de un momento a otro, el peso del vacío sobrepasara los límites impuestos por Pedro. Entonces, la sala de exposiciones se llenaría de pequeños trozos de metal, dispersos por todas partes, aunque todos sabemos que eso nunca llegará a pasar.
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Soy historiadora del arte y escribo este blog desde el año 2007. Me interesa el arte contemporáneo, la educación y la aplicación de procesos participativos al arte y la cultura

3 Comentarios

  1. Me ha gustado el texto, ya escribiendo en catálogos, te veo toda una profesional, no sabes lo que me alegro que tus proyectos se vayan haciendo realidad. Ya me contarás más en ese sempiterno café que parece que nunca llega.Se siente en el texto que has hecho un esfuerzo por sumergirte en el mundo del artista, algo que echo de menos en los catálogos y en las informaciones de las exposiciones, que normalmente son excesivamente técnicas para los que vamos a disfrutar del arte porque entedemos que arte es todo aquello que emociona.Cada triunfo tuyo me lo apunto yo también , que para eso hemos estado catorce años juntitos en clase jejeUn beso Montaña y felicidades.

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