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Museos en la era digital

Hace algunas semanas, un grupo de personas estuvimos debatiendo en twitter sobre el uso de las nuevas tecnologías por parte de los museos y, especialmente, sobre su incorporación a las salas. Creo que todo surgió a raíz de las noticias sobre las primeras apps desarrolladas para Google Glass. La conversación me hizo pensar en un post que publiqué hace ya un año en el blog, en el que reflexionaba sobre si los museos dependen demasiado de las nuevas tecnologías. En él planteaba principalmente dos preguntas:

¿se está dedicando demasiado dinero a la tecnología y poco a los departamentos educativos de los museos?

¿se está quitando importancia al trato humano y a la interacción entre el personal del museo y sus visitantes?

Nadie discute a día de hoy el potencial que tienen las nuevas tecnologías en los museos. Tener presencia en internet a través de una buena web y una buena estrategia de comunicación en redes sociales que permita conectar con sus usuarios es fundamental. Internet favorece ampliar el radio de acción de los museos en todos los sentidos: conectar con posibles visitantes que se encuentren a miles de kilómetros de distancia de su espacio físico, dar a conocer piezas de la colección que no se muestran al público, crear visitas virtuales para poder ver el museo y sus exposiciones temporales sin horarios ni colas…  Lo que ha supuesto para los museos estar presentes en internet y redes sociales nadie lo discute. El problema, o la complejidad, llega, sobre todo, cuando pensamos en introducir las nuevas tecnologías dentro del propio espacio del museo. O al menos yo lo veo así. Porque no todo el público que visita un museo está familiarizado con los recursos digitales, como bien apuntó Araceli Corbo recientemente en una entrevista. O porque simplemente prefiere otro tipo de interacción con las obras expuestas. Por eso creo que es importante que cuando se introducen dispositivos tecnológicos dentro de una exposición debe hacerse sin que sea invasivo ni agresivo y sin que el uso de una determinada herramienta pueda entorpecer la visita a otras personas. Quizás os parezca exagerado lo que digo pero si detrás del uso de la tecnología no existe un criterio, una planificación, una estrategia y unos objetivos claros pueden surgir problemas.

El uso de la tecnología dentro de la sala debe ser opcional y la información que aporten las herramientas tecnológicas debe servir para complementar o ampliar la información que se ofrece a través de soportes tradicionales. Y esto no sólo lo digo por las personas que no sepan o no quieran utilizar dispositivos digitales en el museo. ¿Cuántas veces durante una visita a una exposición habéis consultado la app y os habéis encontrado que los textos son los mismos que los de la hoja de sala? ¿Son realmente útiles las apps de museos? ¿Los museos evalúan los resultados obtenidos de sus apps? ¿Cómo miden su impacto? Sobre algunas de estas cuestiones y otras sobre el uso de redes sociales en museos habla Juan Merodio en una entrevista publicada recientemente en el blog de Marta Lorenzo que os recomiendo que leáis.

Un museo no está adaptado a la era digital solamente porque incorpore recursos tecnológicos a la visita, o porque desarrolle una app. Es necesario un cambio de modelo y de mentalidad que permita ver la tecnología no como un fin sino como un medio con el que alcanzar unos determinados objetivos.

El museo de la era digital debe enfrentarse a muchos retos. Jorge Dueñas en su blog analizaba el futuro de los museos, refiriéndose a la tecnología como un “maquillaje de modernidad” y llegaba a esta conclusión:

 El museo tiene que encontrar su utilidad real en la sociedad actual, definir su ruta, encontrar su valor ideológico, llegar a la gente (no subiendo el precio de las entradas preciosamente como viene siendo habitual), tiene que dejar de ser un espacio elitista o comercial para ser un foro, un espacio público y claramente politizado.

El museo tiene que dejar de ser un espacio decorativo, de inofensivo entretenimiento (por mucho que además sea educativo), para ser un agente activo en la sociedad actual, un espacio en el que ocurran cosas importantes, vivo.

En la época en la que nos encontramos, en la que internet y las redes sociales han cambiado nuestra manera de comunicarnos y de relacionarnos con el mundo (también con los museos), es muy frecuente escuchar hablar de participación, colaboración, horizontalidad o transparencia, por poner algunos ejemplos y muchas veces nos olvidamos de que no es necesaria la tecnología para que existan.

Los museos deben trabajar para incorporar esos conceptos a su estructura y a su funcionamiento. Muchas veces se habla de crear comunidad en las redes sociales, pero no basta con eso. Los museos tienen convertirse en espacios en los que ocurran cosas, y abrirse a esa comunidad virtual, pero también a la comunidad real de su entorno cercano, estableciendo canales de colaboración estables no sólo con centros educativos, también con organizaciones, colectivos de gestores culturales, colectivos sociales, artistas… y favoreciendo la transparencia, no sólo en cuanto a la gestión de los presupuestos, sino también en cuestiones cotidianas y sencillas como explicar con claridad a los visitantes por qué no se pueden hacer fotos dentro del museo.

Los museos tienen que redefinirse y encontrar su lugar, especialmente en España, y demostrar que son espacio vivos, abiertos y participativos que avanzan de forma paralela a la sociedad en la que se insertan. La tecnología debe ser un medio más para conseguirlo, pero no el único y es algo que a mí me empieza a parecer preocupante. Pongo un ejemplo. Poco después de que el Museo Guggenheim Bilbao lanzara la primera app diseñada específicamente para dispositivos móviles por un museo español, hablé con la directora del Centro Helga de Alvear de Cáceres. Me dijo que ellos habían sido los primeros, que su app se había lanzado unos días antes que la del Guggenheim Bilbao. Y yo me pregunto: ¿realmente es tan importante ser los primeros? ¿realmente importa cuál será el primer museo español en crear un app para Google Glass o cuál será el primero en incorporar la telepresencia? 

¿Deberían los museos empezar a desarrollar su estrategia digital en el mundo analógico? ¿Qué museos conocéis que haya publicado su estrategia digital además de la Tate?

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Soy historiadora del arte y escribo este blog desde el año 2007. Me interesa el arte contemporáneo, la educación y la aplicación de procesos participativos al arte y la cultura

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