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Sobre Judith Scott en #WomanArtHouse y las personas con discapacidad

Hoy es el Día Internacional de las Personas con Discapacidad, y aprovechando que hace justo un mes publiqué en twitter un hilo sobre Judith Scott dentro de la iniciativa #WomanArtHouse, quiero explicar las razones por las que decidí escribir sobre esta artista, persona con síndrome de down y sordera profunda.

Cuando empecé a tener noticias sobre Judith Scott, gracias al proyecto Tal día como hoy de Diana Larrea, me llamó la atención la manera en la que, a lo largo de su trayectoria, consiguió crear esculturas en las que utilizaba los materiales textiles de manera poco habitual. Llegó a crear piezas de gran tamaño en las que invirtía meses de trabajo tejiendo cuidadosamente hilos o lanas que guardaban objetos en su interior. Pero también me llamó la atención que con mucha frecuencia en artículos y textos se hacía referencia a ella como sordomuda, y como una persona que pasó incomunicada la mayor parte de su vida, hasta que empezó su relación con el arte. El arte, según muchos artículos, habría sido su única forma de comunicación con el mundo, pero esto no es correcto.

Hace unos meses aprendí un poco de lengua de signos, y me explicaron cómo el uso del término «sordomudo», a pesar de estar muy extendido, es erróneo en muchos casos y que esto no gusta a la comunidad sorda. Una persona sorda profunda de nacimiento, o que se queda sorda durante los primeros mesos o años de vida, no podrá aprender a hablar porque no tiene referencias, pero no pierde su capacidad para hacerlo. Por eso sí pueden emitir ruidos. Judith Scott no era sordomuda, como suele decirse, sino sorda profunda. Me llamó la atención que el término sordomuda nunca aparece en los reportajes o entrevistas sobre Judith Scott en los que interviene su hermana Joyce.

Tampoco es correcto decir que Judith Scott estuvo la mayor parte de su vida sin capacidad de comunicarse con el mundo. Los médicos que la trataron en su infancia le dieron una esperanza de vida breve, que luego superó con creces, y quizás por eso nadie nunca consideró oportuno enseñarle lengua de signos, ni a leer y escribir. Esto, evidentemente, habaría dificultado mucho la comunicación a Scott, pero cuando se mostraba agresiva en los centros de discapacidad en los que vivió, y donde ni siquiera le dejaban usar ceras para colorear, se estaba comunicando. Cuando se abrazaba a su hermana Joyce en sus visitas, se estaba comunicando, y cuando se mostró aterrorizada en un avión en el que los responsables de su centro la dejaron sola cuando Joyce se convirtió en su tutora legal, también se estaba comunicando.

En el documental «¿Qué tienes debajo del sombrero?» podemos ver el día a día de Judith Scott en el Creative Growth Center, cómo trabajaba, cómo sonreía y gastaba bromas a sus compañeros, cómo expresaba si quería o no que guardaran sus piezas terminadas. El director del documental la recuerda como una mujer inteligente que les daba indicaciones precisas sobre dónde situar la cámara para grabarla.

Judith Scott siempre tuvo capacidad de comunicarse, más allá del arte, que por supuesto fue para ella un importante medio de expresión, pero a veces estuvo rodeada de personas incapaces de comunicarse con ella y comprenderla. A esto todavía se enfrentan muchas personas con discapacidad.

Si queréis saber más sobre Judith Scott, podéis leer el artículo que escribí sobre ella en la web de Woman Art House, y por supuesto os recomiendo mucho que veáis el documental «¿Qué tienes debajo del sombrero?«.

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Historiadora del arte. Me interesa el arte contemporáneo, la educación y la aplicación de procesos participativos al arte y la cultura

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