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Woman Art House: Doris Salcedo

Se define como la escultora de las víctimas y le interesa contar la historia de los vencidos. Su trabajo se centra en la violencia política y en la experiencia del duelo y no podría entenderse sin el contexto social de su país natal, Colombia, donde no suele conceder entrevistas ni mostrar su trabajo. No obstante, en diciembre de 2018 presentó en Bogotá su proyecto «Fragmentos», creado a partir de las armas que las FARC entregaron a las Naciones Unidas. Os dejo el hilo y el artículo publicado en PAC de mi última colaboración con el proyecto Woman Art House sobre la artista Doris Salcedo.

Doris Salcedo (Bogotá, 1958) estudió Bellas Artes en la Universidad Jorge Tadeo Lozano de Bogotá y un máster en la Universidad de Nueva York. Se forma primero como pintora y se interesa por disciplinas como el teatro. Fue alumna de la también artista colombiana Beatriz González, a quien considera su gran maestra, y de quien aprendió el cuidado por el detalle y el rigor estético en cada pieza. Empieza a interesarse por la escultura en los años ochenta. En Nueva York descubrirá el trabajo de Joseph Beuys y el concepto de “escultura social”. Muy pronto sus obras empezarán a tener una fuerte carga política.

El trabajo de Doris Salcedo gira en torno a la violencia y al sufrimiento de las personas excluidas de una vida digna, prestando especial atención a la situación y el contexto político y social de su país. Para ella el arte no puede cambiar las cosas, no puede devolver a la vida a las víctimas, pero en cambio sí puede crear nuevas imágenes que contrarresten a las imágenes de la violencia. Por eso, prefiere presentar la violencia y el dolor sin mostrarlos explícitamente y centrarse en el vacío y la ausencia que dejan las víctimas a través de la memoria y las experiencias de duelo de sus familiares.

Define su obra como una oración fúnebre con la que restituir la dignidad de las víctimas y crear una “poética del duelo”. El punto de partida de sus obras son los testimonios de sus familiares con los que se entrevista para poder así hablar en su nombre. Escucha los testimonios sin usar grabadora y en ocasiones ha llegado a asistir a la búsqueda de los cuerpos de los desaparecidos. Le gusta ser un “testigo secundario” de los acontecimientos.

Entre 1989 y 2001, en obras como La casa viuda o Señales de duelo, Doris Salcedo utiliza muebles, textiles y objetos procedentes de la esfera doméstica de las víctimas. Los descontextualiza e inutiliza llenándolos veces de cemento para que pierdan su función. En la obra “La túnica del huérfano” (1997), perteneciente al proyecto Unland, la artista une dos mesas de manera que parecen sostenerla la una a la otra. La unión entre ambas está forrada por una gasa blanca hilvanada con cabellos humanos, un trabajo minucioso y agotador que da testimonio del dolor y el sufrimiento de las víctimas y desaparecidos. La técnica de la costura, que aparecerá en otros trabajos, alude a la curación del dolor y las heridas, y es propia del contexto doméstico.

En el proyecto “Atrabiliarios” (1991 – 2004) sitúa zapatos, principalmente de mujer, dentro huecos realizados en la pared, a modo de nichos o relicarios, que se cierran con piel de vejiga de vaca traslúcida cosida con hilo quirúrgico de color negro. Los zapatos podían llegar a ser el único medio de identificación de los desaparecidos, y especialmente de las mujeres, a quienes la guerrilla solía tratar con especial crudeza. La superficie traslúcida que no nos deja ver correctamente el interior hace referencia a la tensa relación que existe entre el tiempo y la memoria, y también a la ocultación de las vidas y los cuerpos de sus propietarias.

Durante los últimos años, la obra de Doris Salcedo se ha ido expandiendo hacia la instalación y lo arquitectónico, al mismo tiempo que se ha vuelto cada vez más compleja tanto su conceptualización como su ejecución. La obra que marca este cambio es “6 y 7 de noviembre” (2002), una instalación performativa que llevó a cabo para recordar la masacre ocurrida en 1985 en el Palacio de Justicia de Bogotá en la que murieron más de cien personas durante un asalto de la guerrilla y la intervención del ejército. A lo largo de 53 horas (el tiempo que duró el asalto) bajaron lentamente desde el techo del edificio 280 sillas. La acción empezó a la hora en la que murió la primera víctima. En esta obra el tiempo, la memoria y el espacio tienen una gran importancia.

En otras obras, como Neither (2004) o Abbys (2005) transforma espacios arquitectónicos para mostrar la opresión ejercida desde el poder. En Neither una valla de alambre, similar a la de los centros de detención, recintos de propiedad privada o fronteras nacionales, parece al mismo tiempo emerger y hundirse en la pared planteando la cuestión de los límites de la exclusión de manera que los visitantes se pregunten si están desplazados o protegidos.

Shibboleth II 2007 Doris Salcedo born 1958 Presented by the artist, White Cube, London and Alexander and Bonin, New York 2008 http://www.tate.org.uk/art/work/P20335

La exclusión, y concretamente las diferencias que existen entre el primer y el tercer mundo, es el tema central de Shibboleth (2007). La artista instaló una gran grieta de 160 m x 60 cm. en la sala de turbinas de la Tate obligando a los visitantes a mirar hacia abajo. Esta obra, cuya ejecución transcurrió entre un gran secretismo, sin duda, fue la que la consagró dentro del panorama artístico internacional.

Uno de los principales retos a los que se ha enfrentado como escultora ha sido la obra “A flor de piel” (2014), que se basa en la historia de una enfermera que fue secuestrada, torturada y finalmente descuartizada por la guerrilla colombiana. La obra explora los límites de los frágil y lo delicado dentro de la escultura para acercarse al aspecto intocable de una herida y al respeto que merece un cuerpo mutilado al que se negó un ritual funerario. La obra está formada por millones de pétalos de rosas tratados y cosidos uno a uno por hilo quirúrgico, creando al mismo tiempo una ofrenda floral y un sudario tan frágil que lo que define la pieza es nuestra relación con ella.

En 2017, tras seis años de trabajo y después de convertirse en 2010 en la primera mujer galardonada con el Premio Velázquez de Artes Plásticas por la madurez de su trayectoria y la calidad de su obra, presentó Palimpsesto en el Palacio de Cristal de Madrid. Este proyecto recurre a un sistema de ingeniería hidráulica para hacer aparecer y desaparecer en el suelo nombres de migrantes muertos intentando cruzar el mediterráneo. La artista juega con la visibilidad e invisibilidad como metáfora de la violencia de las políticas de la memoria. Las gotas de agua que escriben los nombres funcionan a su vez como lágrimas de manera que la propia obra llora y hace el duelo que nosotros no somos capaces de hacer para honrar a las víctimas. Doris Salcedo definió esta intervención como un “contramonumento” alejado del concepto de monumento vertical y orientado a conmemorar y exaltar las identidades nacionales.

Esta idea de contramonumento aparecerá de nuevo en “Fragmentos”, su último proyecto hasta la fecha, presentado en Bogotá hace apenas unas semanas. El material de esta obra son las armas entregadas con las FARC a la ONU para poner fin al conflicto armado en Colombia. La artista invitó a una veintena de mujeres víctimas de violencia sexual por parte de la guerrilla a ver cómo se fundían estas armas y posteriormente realizó 1300 planchas metálicas que ellas se encargaron de martillear y desfigurar. Las planchas metálicas conforman el pavimento de un edificio del centro de Bogotá en el que permanecerán durante 50 años (el tiempo que duró el conflicto). Cada año dos artistas colombianos o extranjeros serán invitados a mostrar su obra en ese espacio y sobre ese pavimento. Doris Salcedo pretende crear un espacio de reconciliación sin glorificar la violencia. Al situar las placas en el suelo se invierte la relación de poder que antes existía con las armas y el conflicto.

La obra de Doris Salcedo no se muestra habitualmente en Colombia y esto ha provocado críticas en su país, donde algunas sectores la acusan de mercadear con el dolor de las víctimas. A esto hay que añadir, además, que su obra Sumando ausencias, realizada en 2016 dos días después de la victoria del no en el referendum para el acuerdo de paz, generó un intenso debate.

Si queréis saber más sobre el trabajo de Doris Salcedo os recomiendo visitar la web del Museo de Arte Contemporáneo de Chicago que en el año 2015 celebró una completa retrospectiva sobre su trabajo.

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Soy historiadora del arte y escribo este blog desde el año 2007. Me interesa el arte contemporáneo, la educación y la aplicación de procesos participativos al arte y la cultura

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