Seis mujeres artistas de la abstracción

23 Sep, 2022

Si hablamos sobre mujeres artistas de la abstracción, es inevitable que venga a nuestra mente el nombre de Hilma af Klint, y, sí, es el primer nombre de la lista que traigo hoy. Pero la abstracción es algo mucho más amplio y complejo. “No hay una definición exacta de la abstracción, sino que cambia con cada artista, que propone la suya propia”, dice Christine Macel, una de las comisarias de la exposición “Mujeres en la abstracción” que pudo verse recientemente en el Museo Guggenheim de Bilbao.

Reconozco que una lista de seis artistas se queda corta. Más teniendo en cuenta que es totalmente aleatoria y subjetiva. ¿Haré más listas en el futuro? Quién sabe… Espero que os resulte interesante la selección.

Hilma af Klint (1862 – 1944)

Formada en la Real Academia de Bellas Artes de Estocolmo como pintora de botánica, paisajes y retratos, se convirtió pronto en una pintora figurativa respetada con una buena fuente de ingresos a través de la venta de sus obras y con una amplia participación en exposiciones. También fue fundadora y médium del llamado Grupo de las 5, un colectivo de cinco mujeres que se reunían semanalmente practicar meditación y espiritismo entre 1896 y 1908. Durante una de estas sesiones, en 1904, af Klint recibirá el encargo de una entidad llamada Amaliel para que representara “los aspectos inmortales del hombre” y así comienza a trabajar en 1906 en su serie “Pinturas para el templo”, que finaliza en 1915. Esta serie de obras, no figurativas, permanecieron al alcance de muy pocas personas muy cercanas a af Klint y al ámbito teosofista por el miedo que le provocaba que fueran rechazados. De hecho, en 1908 Rudolf Steiner, que impartió una conferencia en Estocolmo, pudo verlos y le dijo a la artista que no debían ver la luz hasta que pasaran 50 años. La propia Hilma af Klint dejó por escrito que sus trabajos no podrían mostrarse al público hasta veinte años después de su muerte.

Su trabajo pudo verse por primera vez en la exposición The spiritual in art celebrada en Los Ángeles en 1986 pero no fue hasta 2013 con la muestra Pioneer of Abstraction en Estocolmo, cuando Hilma af Klint adquirió relevancia internacional.

Su papel como medium ha generado reticencias a la hora de considerarla plenamente como inventora o pionera de la abstracción. ¿Qué significaban los colores y los símbolos en su obra? Se conservan cuadernos preparatorios en los que la artista teorizaría incluso sobre el uso y los signficados de los colores en su propio trabajo, en los que se podría intuir la influencia de la teoría del color de Goethe. Además creó un léxico simbólico muy preciso basado en la botánica.

Los trabajos abstractos de Hilma af Klint son anteriores a Kandinsky (Lo espiritual en el arte se publica en 1910), Mondrian y Málevich. También se adelantaría por décadas a la escritura y pintura automática del surrealismo.

Agnes Pelton (1881 – 1961)

Las pinturas de la artista estadounidense, aunque nacida en Stuttgart, Agnes Pelton se basaron en el misticismo, la teosofía y las visiones que la propia Pelton tenía mientras dormía o meditaba. Fue una pintora muy desconocida hasta que el Whitney Museum compró dos pinturas suyas en 1995 y le dedicó una exposición retrospectiva en 2020. Su padre, con el que tuvo poco contacto desde niña, murió cuando tenía apenas diez años por una sobredosis de morfina. Estos acontecimientos familiares, incluida la muerte de su madre en 1920, provocaron el interés de Pelton por el misticismo, a través de la literatura oculta, especialmente escrita por mujeres, ydel estudio de la teosofía. En este sentido, recibió una gran influencia de la teósofa ucraniana Madame Blavatsky y también de Kandinsky, de quien leyó el libro “De lo espiritual en el arte”.

La muerte de su madre y el consecuente interés por el misticismo se vieron rápidamente reflejados en su obra plástica, que se caracteriza por combinar formas abstractas con símbolos reconocibles extraídos de la literatura mística, como estrellas, que eran el símbolo de Venus, pero también montañas o cisnes. Estos elementos, unidos a su gama cromática, sus brillos y sus veladuras, aportan a su obra de una fantasía que ha sido calificada como mágica y se ha querido vincular con el estética de Walt Disney. Tras una estancia en Long Island, en 1932 Agnes Pelton se trasladó a un pueblo del desierto de California, Cathedral City, donde se ganaba la pintura vendiendo obras realistas y pinturas con el desierto como temática.

Siguiendo con más coincidencias, Agnes Pelton estudió con Arthur Wesley Dow, que también fue maestro de Georgia O’Keeffe, una artista con la que también ha sido muy comparada. Sobre por qué O’Keeffe alcanzó un gran reconocimiento en vida mientras que Pelton cayó en el olvido, habiendo optado ambas artistas por vivir en lugares aislados, la comisaria Barbara Haskell no duda en mencionar el papel que desempeñó Alfred Stieglitz como defensor de la primera.

Carmen Herrera (1915 – 2022)

El eslabón perdido del minimalismo o el descubrimiento de la década. Así se hicieron eco los profesionales del mundo del arte y los medios de comunicación cuando se situó a Carmen Herrera en el lugar que le correspondía por derecho.

Su estancia en París será fundamental en la definición de su trabajo: descubre la abstracción geométrica de Malevich, Josef Albers y la Bauhaus, Mondrian o Sonia Delaunay y también a Matisse. Durante estos años, la obra de Carmen Herrera empieza a basarse en la combinación de dos o tres colores y de formas geométricas como el rectángulo, el triángulo o el semicírculo. A lo largo de su trayectoria, siempre ha ido tratando de simplificar y reducir elementos. Sobre esto ha dicho: “Cuando pienso que está terminado, le quito algo y está mejor”.

A principios de los 50, realiza una serie de obras en blanco y negro, en las que las proporciones ya se calculan con precisión. Aplica la pintura también en los bordes, dotando a la obra de un incipiente carácter tridimensional. Este tipo de obras se anticipan al minimalismo y al op art. En 1953, al volver a Nueva York, el expresionismo abstracto dominaba la escena artística, por lo que la situación no fue fácil para Carmen y su obra. Sin embargo, la situación tampoco mejor cuando poco tiempo después irrumpió el minimalismo, aunque por aquel momento, Carmen Herrera ya se relacionaba con Ellsworth Kelly, Barnett Newman, Leon Polk Smith o Peggy Guggenheim.

Entre 1959 y 1971, realiza la serie más destacada de su producción: “Blanco y verde”, y en torno a las mismas fechas, empezó a trabajar también en sus Estructuras, una serie de obras tridimensionales basadas en sus pinturas, que “pedían a gritos convertirse en esculturas”. Las estructuras son obras monocromas de madera o aluminio que se completan con el entorno, de manera que la sala de exposiciones aporta el segundo color (blanco) a la obra.

Lynda Benglis (1941)

Pintora y escultora, se formó bajo la influencia del expresionismo abstracto, del que valoraba su potencial gestual y llevó la técnica del dripping de Jackson Pollock a las tres dimensiones en la faceta más conocida de su trayectoria. A partir de 1969, y con la intención de redefinir lo que era la pintura y explorar sus límites, Benglis empieza a trabajar en una serie de obras que realizaba vertiendo sobre el suelo cera o latex líquido pigmentado de una amplia gama de colores, muchas veces ácidos, que al secarse da lugar a lo que se ha definido como pinturas caídas, o vertidas, a medio camino entre la pintura y la escultura.

El proceso de creación de las obras y los propios materiales harán que los trabajos de Lynda Benglis presenten burbujas y manchas accidentales. De esta forma reformula los planteamientos del expresionismo acercándolo a las tres dimensiones y aportando sensaciones táctiles. Además, al contrario que las grandes obras de Jackson Pollock, las pinturas de Benglis reclaman su horizontalidad, e invaden el espacio como lo haría una escultura, al mismo tiempo que dan respuesta al imaginario de la ‘mujer caída’. Así, la artista rompe con la tradición de la pintura, dominada por hombres y asociada a la verticalidad

Juana Francés (1924 – 1990)

Fundadora y única mujer del grupo “El Paso”, del que formará parte durante un año, en sus primeras obras figurativas y de aprendizaje es posible percibir la influencia de Daniel Vázquez Díaz, quien fue su profesor en la Academia de Bellas Artes de San Fernando. A partir de 1955 se centra en el informalismo con una serie de trabajos en colores tierra, blancos y negros con una gran carga matérica y gestual. Su interés por la investigación acerca de las posibilidades de la pintura le hacen introducir materias para aportar texturas: primer arena de diferentes grosores y poco a poco materiales de desecho de la construcción y fragmentos de la naturaleza, que la aproximan también a los planteamientos del arte povera.

Entre las décadas de los sesenta y los ochenta, su obra su vuelve existencialista en una etapa que ella misma denomina “El hombre y la ciudad”, en la que explorará, a través de sus cajas negras cuestiones como la soledad, la incomunicación o la deshumanización del sur humano. En sus trabajos de los años ochenta se centrará en representar paisajes marinos y cometas como temas principales empleando principalmente formas geométricas como círculos y rectángulos.

Juana Francés disfrutó durante los años sesenta de reconocimiento internacional con presencia en las exposiciones Before Picasso, After Miró, celebrada en 1960 en el Museo Guggenheim de Nueva York, o en la muestra Modern Spanish Painting, que pudo verse en la Tate Gallery de Londres en 1962.

Mari Chordá (1942)

La artista catalana Mari Chordá, pintora, poeta y editora, se involucró en grupos feministas y en el activismo por los derechos de las mujeres desde los años sesenta, y fue pionera en la representación del cuerpo femenino, la sexualidad y la maternidad desde una perspectiva feminista. Su estancia en París durante una breve temporada a mediados de los sesenta (hasta el nacimiento de su hija Ángeles) le dio la oportunidad de conocer el Pop art, el Nuevo Realismo y el trabajo la artista de Niki de Saint Phalle, de quien será posible encontrar influencias en su trabajo, aunque con una gama cromática más matizada.

En el contexto de la España franquista, Mari Chordá representa el cuerpo femenino en un estilo que denomina “no figurativo” centrándose en cuestiones como la maternidad (explora su propio cuerpo en Autorretrato embarazada), pero el principal interés de Chordá será contrarrestar la mirada del arte pop sobre los cuerpos de las mujeres. Para hacerlo, tratará de romper tabúes investigando la representación visual de la feminidad desde una perspectiva fisiológica y a partir de mediados de los sesenta empieza a pintar vaginas en estética abstracta y recurriendo a planos muy cortos, a través de la autoobservación. Su obra Vulva (1964) se adelantaría en varios años a la iconología vaginal que reivindicaban Miriam Schapiro y Judy Chicago a través del arte feminista de Estados Unidos en los setenta. A diferencia de las dos artistas norteamericanas, Mari Chorda realizaba este tipo de trabajos para sí misma, y llegó a definirla como “pintura íntima”.

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